Sant Genís dels Agudells es un barrio de Barcelona en la Sierra de Collserola que poca gente conoce.
En Sant Genís no hay dinero, lo que hay es vida. Hay árboles, en realidad hay una montaña entera de árboles. Y flores. Muchas flores. Y un aire virgen todavía. Y un cielo limpio. Y una iglesia románica milenaria. Y calles donde solo se oyen pájaros. Y la silueta de una Barcelona en miniatura abrazada por el mar. Y el cementerio más pequeño de la ciudad. Y gatos. Muchos gatos.
Aunque ninguno como El Vacas, un gato sin dueño blanco y gris que empezó a engordar cuando los servicios del Ayuntamiento lo esterilizaron, con unos ojos azules entre Frank Sinatra y Paul Newman y la mirada de Marlon Brando en Salvaje.
El Vacas tiene un pasado: de joven era duro, rebelde y camorrista. Ahora es un gato viejo que se mueve despacio y al que cuidan las vecinas de Sant Genís.
Rosa, pensionista, que también se mueve despacio, le deja comida y agua cada día, a él y a cuatro o cinco más. A las nueve de la noche, puntualmente, una hilera de gatos espera en la calle, frente a su casa. Todos miran en la misma dirección, su puerta, como moais vigilando la salida del sol.
Pero El Vacas sabe que Rosa es suya. La sigue en cuanto la ve aparecer y se frota contra sus piernas mirándola a lo Sinatra. O a lo Newman. O a lo Brando.
Y Rosa acaricia con ternura su cabeza de gato viejo que un día no lo fue.
Y así, en silencio y en minúscula, continúa la vida en Sant Genís, un barrio de Barcelona en la Sierra de Collserola que poca gente conoce.
Pia Chalamanch, Junio 2016

