Urban Living Lab

Plataforma abierta y transdisciplinar de reflexión sobre el territorio, la ciudad y sus ciudadanos.

CUANDO LOS “OJOS DE LA CALLE” LEEN A DELIBES | Cristina Llorente y Jose Servera

Facebooktwitterby feather

IMG-20150626-WA0002-low

En la era de los Smartphone y la comunicación digital, determinados elementos del mobiliario urbano adquieren un carácter romántico que los relega a una posición casi escultórica. Tal y como sucedería con los buzones, por ejemplo, tenemos serias dificultades para indicar la ubicación de las cabinas telefónicas de nuestro barrio, aquellos cubículos reducidos donde, seguro, alguna vez hicimos cola. Hasta hace apenas un mes, muchos pensaban que tales artefactos habían desaparecido de las calles, oxidados por el desuso. Otros, mientras tanto, observábamos cómo decenas de cabinas desaprovechadas continuaban en las aceras de la ciudad, ocupando un espacio precioso sin utilidad ninguna. Movidos por esta inquietud, miembros y colaboradores del colectivo Arquitectives, dedicado a la educación en arquitectura y entorno construido, instalamos la primera bibliocabina, una pequeña biblioteca comunitaria orientada a fomentar la lectura, por una parte, y a reactivar el uso del espacio público, por otra. Un lugar donde intercambiar libros, llevárselos gratuitamente para leerlos y restituirlos nuevamente o devolver a la circulación esos ejemplares olvidados que todos tenemos en alguna estantería. Tres baldas, un par de libros y un hashtag sencillo (#estoesunabiblio) fueron suficientes para generar un movimiento ciudadano que superó con creces nuestras expectativas, llegando a los medios y al perfil personal de algunas autoridades públicas.

11061194

Y entonces nos preguntamos: ¿cuál es la clave del éxito de una iniciativa tan simple como puntual? ¿Cómo una acción a tan pequeña escala moviliza a más de ochocientas personas en apenas cuatro días (y a casi 1500 en menos de un mes)? Analizando nuestro modo de vida actual, encontramos un sistema que reduce cada vez más la interacción personal directa, limitando nuestras relaciones a la rapidez del pulgar y nuestros sentimientos a pequeñas caras de color amarillo. Sin embargo, acciones como Estoesunabiblio demuestran la facilidad de despertar nuestra naturaleza primitiva, la condición de animales sociales que nos define como personas y que resulta tan sencillo aflorar. He aquí, pues, las claves que buscábamos: Por un lado, la activación de un mecanismo mínimo que nos recuerda que las relaciones físicas nos resultan mucho más satisfactorias que las digitales. Por otro, el poder de la “acupuntura urbana” que introdujo el urbanista Jaime Lerner, demostrando cómo, en algunos casos, una nueva costumbre o hábito generan una transformación, sin necesidad de grandes obras materiales.

De tal manera, más allá de la acción en sí, la ocupación del espacio público con proyectos participativos tiene como objetivo reforzar el sentimiento comunitario de los ciudadanos, ése que nos hace sentir orgullosos de formar parte de un todo, ya sea una iniciativa concreta o la ciudad entera. Una demostración práctica del entusiasmo que genera la participación, la implicación de las personas en la transformación de su entrono cercano. Ser partícipes de la construcción de la ciudad (y tener conciencia de ello) incrementa nuestro sentimiento de responsabilidad y el instinto de protección de aquello que consideramos propio.

El conflicto aparece cuando tratamos de introducir este tipo de iniciativas en sociedades poco acostumbradas a ellas, en comunidades basadas en la individualidad y en la búsqueda de la satisfacción propia. En este marco, el espacio público (a menudo concebido como el “negativo” o “vacío” de la ciudad) se convierte en tierra de nadie, en un lugar donde la convivencia y la relación son menospreciadas en pos del beneficio personal. Por ello, no es de extrañar que desde el día de su colocación, las bibliocabinas hayan sufrido diversos actos vandálicos e, incluso, su desmantelamiento por parte de la empresa pública de limpieza. Entonces, ¿de qué manera se protegen las acciones ciudadanas espontáneas en entornos individualistas?

Actualmente, muchos gobernantes confían la seguridad ciudadana a la colocación de cámaras o al incremento de presencia policial. Pero lejos de incrementar nuestra sensación de seguridad, la percepción de un exceso de vigilancia puede darnos a entender que el lugar en el que nos encontramos es un espacio hostil. Sirva de ejemplo esta anécdota: Hace un tiempo, en una visita a Veracruz, México, dando un paseo por la playa de Boca del Río, uno de los firmantes de este artículo se encontró con un grupo de militares armados hasta la médula, acompañados de una furgoneta blindada. De vuelta al aeropuerto, al comentarle al taxista lo sucedido, éste respondió que la finalidad era tranquilizar a los turistas que estuvieran en la playa. Al contrario, lo que esto provocó en el caso particular fue una súbita aceleración del pulso, como si se encontrara en un lugar donde el peligro fuera inminente.

Iniciativas como las bibliocabinas introducen un elemento peculiar que sirve para evaluar el estado de salud del respeto del espacio público en una población. Al tratarse de un fenómeno espontáneo, no existe protección legal alguna (de hecho, lo espontáneo cada vez se permite menos). Esto significa que si alguien quiere llevarse todos los libros y no dejar ninguno a cambio, puede hacerlo. Que si decide arrancar las estanterías y llevarse las maderas, no hay posibilidad de represalia. Que si se le antoja tirar los libros a la basura, nada se lo puede impedir. Quien lleva a cabo tales actos cuenta con un anillo de Giges, por lo menos en el plano legal. Nos queda entonces que el único reproche posible es el imperativo moral, que no entraña ninguna clase de punitivismo, pero gracias al cual la mayor parte de la convivencia en sociedad se da sin conflicto alguno. Por suerte, a pesar del individualismo ingente en que nos imbuye el propio sistema, seguimos generando espacios donde se promueve un interés colectivo. Allí donde los valores morales tienen un peso mayor, el riesgo de conflicto es más reducido.

a20150612_011207-low

En el caso de las bibliocabinas, podríamos pensar que los diferentes actos de destrucción de la iniciativa tildarían la acción de fracaso. Sin embargo, la esperanza estriba en que existe una mayoría amplia que ha respetado su funcionamiento. La reinstauración del espacio original de intercambio de libros, después de que la empresa pública de limpieza lo desmantelase y arrojase al contenedor de basura, provocó un mayor repunte de la iniciativa. Cualquiera que pasase a verla observaría además que los libros estaban colocados con sumo cuidado, el mejor reflejo de que la gente tiene interés en proteger la bibliocabina. Ese cuidado puede suponer una importante medida de disuasión. En 1982, James Q. Wilson y George L. Kelling teorizaban en la bautizada como Teoría de las ventanas rotas que para impedir el empeoramiento de un acto vandálico convenía solucionar el problema cuando aún se consideraba de poca magnitud. En el caso que nos ocupa, las dos soluciones prácticas serían: uno, llenar con más libros las estanterías cada vez que alguien los vacíe; y dos, reparar el mobiliario con la mayor celeridad posible cada vez que alguien lo rompa. Si bien el riesgo cero no existe, sí es posible reducir el peligro de nuevos ataques. La primera vez que se instaló la bibliocabina duró apenas cinco días. Tras su reparación, y dos semanas después de facilitar el intercambio de ejemplares, la multinacional Movistar decidió zanjar el “problema” tapiando la cabina, imposibilitando así (o eso creyeron ellos) la continuidad del proyecto. Lejos de desistir, convocamos a los más de 1400 seguidores de la iniciativa para una acción conjunta: una guerrilla nocturna que terminaría con el montaje de nueve nuevos puntos de canje. Nueve puntos que, a día de hoy, continúan activos en diferentes emplazamientos, con un constante ajetreo de obras literarias. Paralelamente, la web de Estoesunabiblio pone a disposición un plano de situación de las cabinas vacías de la ciudad, así como instrucciones detalladas para construir nuevas bibliocabinas (Do It Bookshelf).

El escenario emergente en que nos encontramos, por tanto, requiere una organización más horizontal, un espacio común en el que la construcción del territorio sea una tarea conjunta, basada en la conciencia de cada ciudadano como parte de un todo: los “ojos de la calle” como sistema principal de defensa. Y son esos mismos ojos, los que nutren a la ciudad con sus contribuciones, quienes velarán por las bibliocabinas, por el respeto al espacio público, por el avance de las ciudades hacia modelos más sostenibles a nivel social, físico y relacional.

Cristina Llorente y Jose Servera, Julio 2015

About Cristina Llorente Jose Servera

CRISTINA LLORENTE (Palma de Mallorca, 1981) Licenciada en Arquitectura por la ETSA Barcelona y diplomada por la UOC en el postgrado “Gobierno de la ciudad: derechos ciudadanos y políticas públicas”. En el año 2009, tras colaborar en estudios de arquitectura, empresas del sector y administración pública, funda el colectivo Arquitectives (www.arquitectives.com) junto a Pablo Amor, convirtiéndose poco después en delegada española del grupo de trabajo Architecture & Children, coordinado por la Unión Internacional de Arquitectos. Desde entonces desarrolla actividades y programas educativos relacionados con el entorno construido,diseña material didáctico, imparte conferencias relacionadas con este ámbito y participa activamente en diferentes encuentros internacionales sobre ciudad, infancia, arquitectura y educación. En 2014, viaja a Helsinki para presentar el proyecto de Arquitectives en el evento Creating the Future 2.0, invitada por Arkki, escuela pionera de arquitectura para niños. JOSE SERVERA Criminólogo y filósofo de 30 años de naturaleza emprendedora. Director y fundador del Grupo Criminología y Justicia, dedicado a la creación de contenidos criminológicos jurídicos (http://antitrabajo.com). Ha participado como ponente invitado en diferentes congresos en México con conferencias como “Emprendimiento Criminológico”, "Prevención de la criminalidad a través de las redes sociales" y “Problemas y oportunidades de la aceleración tecnológica en criminología” . También ha dado conferencias en diferentes jornadas de criminología en España. Compagina además la creación y gestión de proyectos trabajando como tutor de grado de criminología en la Universitat Oberta de Catalunya. La primavera de 2014 publicó su primera obra, “Emprender en criminología” , que llegó a situarse en el top 100 de ventas de Amazon. Actualmente se dedica al análisis de entornos laborales y riesgo de conflicto en la empresa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

colabora

Esta plataforma está abierta a la colaboración de cualquier persona o organización interesada en la investigación sobre el territorio y los entornos urbanos.
escríbenos en urbanlivinglab.net@gmail.com

archivos

Social Media

Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook

Twitter

Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook