Urban Living Lab

Plataforma abierta y transdisciplinar de reflexión sobre el territorio, la ciudad y sus ciudadanos.

LAS SMART CITY: EN BUSCA DE UN MODELO [es – cat] | Robert Álvarez

Facebooktwitterby feather

fira_bcn_homepage1 Después de visitar el Smart City Expo World Congress (SCEWC) de Barcelona-Hospitalet durante los tres días que ha durado la exposición, quisiera aprovechar la ocasión para hacer una reflexión sobre la modelización de las smart city, que ha surgido de ver como compartían la zona de expositores del congreso empresas tecnológicas y de servicios, y las ciudades inteligentes. La unión de ambos tipos de expositores ciertamente es complementaria, pero vista desde otra perspectiva – que voy a intentar describir- puede parecer paradójica por responder claramente a objetivos y límites bien diferenciados.

Por un lado, los stands de empresas en la SCEWC son muy representativos de los avances de los últimos años en tecnología y aplicaciones al servicio de las ciudades, la muestra cada vez sobresale más en innovación y tecnología. Las aportaciones en este sentido son un número abierto difícil de cerrar que probablemente se irá incrementando y renovando de año en año a la misma velocidad de vértigo que lleva actualmente.

Probablemente, las ciudades más grandes y de mayor potencial económico implementaran rápidamente esos avances; mientras que otras, quizás las pequeñas, queden atrás en innovación y mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. Difícil será para muchas de ellas digerir tanta tecnología, si se contempla el fenómeno desde una óptica integral.

Partiendo de esa base,  me interesa destacar que las ciudades que por su potencial económico puedan desarrollar un conjunto de servicios con la mejor tecnología añadida, no cuentan con un estándar de lo que debería ser el conjunto de prestaciones y servicios a desarrollar en el marco de lo que se conoce como smart city.  Hay un uso y abuso del término y una clara utilización del mismo para maquillar servicios y políticas en las que la innovación es escasa. Cierto es, no obstante, que seguir en ese margen de indeterminación permite a muchas ciudades autodenominarse smart con un ligero baño de marketing y poca tecnología o innovación añadida en la prestación de los servicios.

Valdría la pena hacer un alto en el camino y mirar hacia atrás para ver lo que ha estado en los últimos años las Agendas-21 locales como programas integrales ya bastante estandarizados de un modelo propio de desarrollo a la carta para cada ciudad. A diferencia de lo que sucede en muchos casos actualmente con las smart cities; las ciudades sostenibles partían como requisito básico del autoconocimiento previo para la formulación de líneas de actuación y acciones, que completaban un programa que se incardinaba en unos principios básicos medioambientales comúnmente aceptados y compartidos. El modelo, el objetivo de cada ciudad y las líneas de actuación eran muy claros.

También entre los firmantes del Pacto de Alcaldes (“Covenant of Mayors”) ha habido ese autoconocimiento previo y formulación de plan de actuación, en curso de cumplimiento. Y si miramos en otros sectores específicos de la sostenibilidad y de actuación en ámbitos espaciales concretos (por ejemplo la contaminación acústica o atmosférica, o bien el urbanismo, por poner modelos ya muy conocidos) también encontramos el mismo iter formativo de lo que deben ser las formulaciones que aprueba la administración como desiderátums a seguir en los años venideros. Básicamente siempre hay una diagnosis o auditoría de la situación previa de la que se parte, para pasar luego a una formulación de destino, y luego se plantea un camino a seguir más o menos largo  que es lo que se conoce habitualmente como plan de acción o gestión del plan.

Evidentemente, el esquema que enuncio puede ser más complejo y contener análisis paralelos al objeto que se pretende, por poner otro ejemplo significativo es el caso de las evaluaciones ambientales de planes y proyectos, que evidentemente forman un todo integral con estos instrumentos, pero que conceptualmente cuentan con unos modelos y formas de producción claramente diferenciados y regulados por legislación sectorial complementaria.

En la definición del plan o programa smart city hipotético encontraríamos las mismas áreas  en que se estructura el SCEWC: energía, tecnología e innovación, ciudad colaboradora y sociedad inteligente, entorno construido sostenible, movilidad, gobernanza y economía, resiliencia y seguridad urbanas. Partiendo de esos ámbitos concretos deberíamos hacer una diagnosis y ver su estado de desarrollo y las oportunidades de innovación que se pueden implementar. A

sí, de ese análisis pasaríamos a construir unas líneas de actuación y acciones concretas a aplicar en cada ciudad que configurarían esa definición de modelo que tendería a estandarizarse.

sociable_green_min1

En contra de la definición de ese plan o modelo smart que reclamo está el hecho de que el fenómeno es universal, no hay pues una modelización europea de la metodología o de contenidos, y por su propia naturaleza no normativizada  resulta difícil todavía de concretar. Aunque el modelo smartcomprende ámbitos que sí cuentan con desarrollos legislativos (la movilidad, el urbanismo, la gestión de residuos, etc.), se hace difícil formular un denominador común que aglutine las experiencias que se van implementando con esa vocación, más cuando se trata de un modelo permanentemente evolutivo que va a expensas de las innovaciones que el mercado ponga a disposición de las ciudades.

Se podrá argüir en contra de lo que intento evidenciar que en mayor o menor medida el modelo ya está formulado y que las líneas de avance en lo que debe de ser el camino hacia una ciudad inteligente y sostenible ya está formulado. Pero si me permiten, como observador que ya cuenta con un cierto bagaje en las formas de gestión local de los servicios públicos, una vez visto el SCEWC tengo la tentación de pensar que ni son todas las que estánni están todas las que son. Y me refiero con ello tanto a las innovaciones implementadas como a las soluciones que muchas ciudades están implementando.

Además, y por poner un ejemplo claro de las dificultades que puede encontrar la definición de un modelo adaptable a nuestro país, la situación se complica cuando nos encontramos con la reciente inmisión en las competencias locales por parte del Estado, a través de la oportunidad que ha brindado al legislador la modificación del art. 135 de la Constitución.

La aprobación de la Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de racionalización  y sostenibilidad de la Administración local (LRSAL), ha modificado el ámbito competencial de las entidades locales establecido en la Ley 7/1985 , de 2 de abril, de Bases de régimen Local. Bajo el lema «una Administración una competencia» se adapta la Administración local a los principios de estabilidad presupuestaria y de sostenibilidad financiera a las previsiones de la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, que desarrolla el mencionado artículo 135 de la Constitución. Con ello, se ha acotado sustancialmente el ámbito competencial común de las ciudades españolas y se ha dejado el resto de competencias propias al ámbito estatutario propio de cada comunidad autónoma, ya sea por atribución de competencias vía legislación o vía delegación a las entidades locales, a las ciudades.

Esta técnica legislativa, en aras de la sostenibilidad financiera, condiciona a nivel estatal el contenido que cada ciudad se quiera asignar como propio de su modelo como smart city. Dicho de otro modo, es muy diferente tener un modelo de estado más descentralizado a nivel local en cuanto a competencias que se le asignan como propias, que optar por un modelo más centralizado en las decisiones, ya sea a nivel estatal o autonómico.

scewc-header-2014

En definitiva, creo que sin lugar a dudas se debe ir hacia un modelo más universal de smart city, y que el nivel competencial de las ciudades marcará ese plan o programa smart para cada ciudad. Aunque el modelo pueda llegar a ser el mismo, quien se ocupará de llenar su contenido tendrá que reflexionar y ver previamente el modelo de descentralización de cada Estado, lo cual dificulta a su vez en buena medida la definición de un futuro modelo universal de ciudad inteligente y a su vez hace menos inteligente el modelo que se adopte. Una última idea crítica: en el caso español recientemente recentralizado por mor de la reforma legislativa mencionada, se ha acortado considerablemente la capacidad de decisión de cada ciudad sobre el diseño de un modelo propio.

Robert Álvarez Sastre

Este artículo fue publicado en i-ambiente.es el 4/12/2014

___________________________

LES SMART CITY: A LA RECERCA D’UN MODEL

[versió catalana]

Smart-City-CAB-640x200

Després de visitar el Smart City Expo World Congress (SCEWC) de Barcelona-Hospitalet durant els tres dies que ha durat l’exposició, voldria aprofitar l’ocasió per fer una reflexió sobre la modelització de les smart city, que ha sorgit de veure com compartien la zona d’expositors del congrés empreses tecnològiques i de serveis, i les ciutats intel·ligents. La unió d’ambdós tipus d’expositors certament és complementària, però vista des d’una altra perspectiva – que intentaré descriure- pot semblar paradoxal per respondre clarament a objectius i límits ben diferenciats.

D’una banda, els estands d’empreses al SCEWC són molt representatius dels avenços dels últims anys en tecnologia i aplicacions al servei de les ciutats, la mostra cada vegada excel·leix més en innovació i tecnologia. Les aportacions en aquest sentit són un nombre obert difícil de tancar que probablement s’anirà incrementant i renovant d’any en any a la mateixa velocitat de vertigen que porta actualment.

Probablement, les ciutats més grans i de major potencial econòmic s’implementessin ràpidament aquests avenços; mentre que altres, potser les petites, quedin enrere en innovació i millora de la qualitat de vida dels seus ciutadans. Difícil serà per a moltes d’elles pair tanta tecnologia, si es contempla el fenomen des d’una òptica integral.

Partint d’aquesta base, m’interessa destacar que les ciutats que pel seu potencial econòmic puguin desenvolupar un conjunt de serveis amb la millor tecnologia afegida, no compten amb un estàndard del que hauria de ser el conjunt de prestacions i serveis a desenvolupar en el marc de el que es coneix com smart city. Hi ha un ús i abús del terme i una clara utilització del mateix per maquillar serveis i polítiques en què la innovació és escassa. És cert, però, que seguir en aquest marge d’indeterminació permet a moltes ciutats autodenominar smart amb un lleuger bany de màrqueting i poca tecnologia o innovació afegida en la prestació dels serveis.

Valdria la pena fer una aturada en el camí i mirar cap enrere per veure el que ha estat en els últims anys les Agendes-21 locals com programes integrals ja bastant estandarditzats d’un model propi de desenvolupament a la carta per a cada ciutat. A diferència del que succeeix en molts casos actualment amb les smart cities; les ciutats sostenibles partien com a requisit bàsic l’autoconeixement previ per a la formulació de línies d’actuació i accions, que completaven un programa que incardinava en uns principis bàsics mediambientals comunament acceptats i compartits. El model, l’objectiu de cada ciutat i les línies d’actuació eren molt clars.

També entre els signants del Pacte d’Alcaldes (“Covenant of Mayors”) ha hagut aquest autoconeixement previ i formulació de pla d’actuació, en curs de compliment. I si mirem en altres sectors específics de la sostenibilitat i d’actuació en àmbits espacials concrets (per exemple la contaminació acústica o atmosfèrica, o bé l’urbanisme, per posar models ja molt coneguts) també trobem el mateix iter formatiu del que han de ser les formulacions que aprova l’administració com desideràtums a seguir en els pròxims anys. Bàsicament sempre hi ha una diagnosi o auditoria de la situació prèvia de la qual es parteix, per passar després a una formulació de destinació, i després es planteja un camí a seguir més o menys llarg que és el que es coneix habitualment com a pla d’acció o gestió del pla (en l’urbanisme).

Evidentment, l’esquema que enuncio pot ser més complex i contenir anàlisi paral·lels a l’objecte que es pretén, per posar un altre exemple significatiu és el cas de les avaluacions ambientals de plans i projectes, que evidentment formen un tot integral amb aquests instruments, però que conceptualment compten amb uns models i formes de producció clarament diferenciats i regulats per legislació sectorial complementària, que actualment tendeix a integrar-se amb la legislació sectorial de l’objecte que s’avalua ambientalment.

En la definició de l’hipotètic pla o programa smart city trobaríem les mateixes àrees en què s’estructura el SCEWC:

  • Energia.
  • Tecnologia i innovació.
  • Ciutat col·laboradora i societat intel·ligent.
  • Entorn construït sostenible.
  • Mobilitat.
  • Governança i economia.
  • Resiliència i seguretat urbanes.

Partint d’aquests àmbits concrets hauríem de fer una diagnosi i veure el seu estat de desenvolupament i les oportunitats d’innovació que es poden implementar. Així, d’aquesta anàlisi passaríem a construir unes línies d’actuació i accions concretes a aplicar en cada ciutat que configurarien aquesta definició de model que es tendiria a estandarditzar.

 

En contra de la definició d’aquest pla o model smart que reclamo hi ha el fet que el fenomen és universal, no hi ha doncs una modelització europea de la metodologia o de continguts, i per la seva pròpia naturalesa no normativitzada resulta difícil encara de concretar. Encara que el model smart comprèn àmbits que sí compten amb desenvolupaments legislatius (la mobilitat, l’urbanisme, la gestió de residus, etc.), es fa difícil formular un denominador comú que aglutini les experiències que es van implementant amb aquesta vocació, més quan es tracta d’un model permanentment evolutiu que va a remolc de les innovacions que el mercat posi a disposició de les ciutats.

Es podrà argumentar en contra del que intento evidenciar que en major o menor mesura el model ja està formulat i que les línies d’avanç en el que ha de ser el camí cap a una ciutat intel·ligent i sostenible ja estan traçades. Però si em permeten, com a observador que ja compta amb un cert bagatge en les formes de gestió local dels serveis públics, un cop vist el SCEWC tinc la temptació de pensar que ni són totes les que estan, ni estan totes les que són. I em refereixo amb això tant a les innovacions implementades com a les solucions que moltes ciutats estan implementant.

A més, i per posar un exemple clar de les dificultats que pot trobar la definició d’un model adaptable al nostre país, la situació es complica quan ens trobem amb la recent immissió en les competències locals per part de l’Estat, a través de l’oportunitat que ha brindat al legislador la modificació de l’art. 135 de la Constitució.

L’aprovació de la Llei 27/2013, de 27 de desembre, de racionalització i sostenibilitat de l’Administració local (LRSAL), ha modificat l’àmbit competencial de les entitats locals estableix la Llei 7/1985, de 2 d’abril, de Bases de règim local. Sota el lema «una Administració una competència» s’adapta l’Administració local als principis d’estabilitat pressupostària i de sostenibilitat financera a les previsions de la Llei orgànica 2/2012, de 27 d’abril, d’Estabilitat Pressupostària i Sostenibilitat Financera, que desenvolupa el esmentat article 135 de la Constitució. Amb això, s’ha acotat substancialment l’àmbit competencial comú de les ciutats espanyoles i s’ha deixat la resta de competències pròpies a l’àmbit estatutari propi de cada comunitat autònoma, ja sigui per atribució de competències via legislació o via delegació a les entitats locals, a les ciutats.

Aquesta tècnica legislativa, en nom de la sostenibilitat financera, condiciona a nivell estatal el contingut que cada ciutat es vulgui assignar com a propi del seu model com smart city. Dit d’una altra manera, és molt diferent tenir un model d’estat més descentralitzat a nivell local pel que fa a competències que se li assignen com a pròpies, d’optar per un model més centralitzat en les decisions, ja sigui a nivell estatal o autonòmic.

telavivsmartcity2

En definitiva, crec que sense cap dubte s’ha d’anar cap a un model més universal de smart city, i que el nivell competencial de les ciutats marcarà aquest pla o programa smart per a cada ciutat. Encara que el model pugui arribar a ser el mateix, qui s’ocuparà d’omplir el seu contingut haurà de reflexionar i veure prèviament el model de descentralització de cada Estat, la qual cosa dificulta al seu torn en bona mesura la definició d’un futur model universal de ciutat intel·ligent i al seu torn fa menys intel·ligent el model que s’adopti. Una última idea crítica: en el cas espanyol recentment recentralitzat per mor de la reforma legislativa esmentada, s’ha escurçat considerablement la capacitat de decisió de cada ciutat sobre el disseny d’un model propi.

 

Robert Álvarez Sastre

Aquest artícle en català va ser publicat a sostenible.cat el 12/1/2015

 

About Robert Álvarez Sastre

Robert Álvarez Sastre es abogado urbanista y ambientalista, con amplia experiencia pública y privada en Agenda 21 local y gestión ambiental: ruido, contaminación atmosférica, evaluación impacto ambiental, movilidad, telefonía móvil, autorizaciones ambientales, residuos, agua y contaminación de suelos.Máster en Derecho del Medio Ambiente y con postgrados en urbanismo, medio ambiente y administración local en diversas universidades y escuelas, es especialista en urbanismo: elaboración del planeamiento, gestión urbanística sistemática, licencias urbanísticas, disciplina urbanística e información urbanística.Linkedin: Robert Álvarez SastreTwitter: @BobSastre

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

colabora

Esta plataforma está abierta a la colaboración de cualquier persona o organización interesada en la investigación sobre el territorio y los entornos urbanos.
escríbenos en urbanlivinglab.net@gmail.com

archivos

Social Media

Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook

Twitter

Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook