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EL PAISAJE, CONSIDERACIONES SOBRE SU VALORACIÓN SOCIAL Y CULTURAL | Sabrina Gaudino Di Meo

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La comprensión y aceptación de la “idea” de paisaje se ha integrado en la gestión y ordenación del territorio a través de instrumentos de ordenación, protección y regulación, vinculándolo de forma democrática -desde hace algún tiempo- a la sociedad urbana contemporánea. En este proceso evolutivo en el que se han elaborado otros importantes documentos predecesores destaca el  Convenio Europeo del Paisaje.1 Obviando ciertas lagunas en el marco conceptual referidas a la subjetividad en determinados aspectos cuyas consideraciones son amplias y variables, este documento es uno de los más importantes por constituir un instrumento que define el paisaje como un “bien jurídico” introduciéndolo como concepto en la práctica y conciencia política.

Socavando en las bases de la civilización occidental se encuentra en la romana una destacable actitud de sensibilidad hacia el ambiente dentro de un prístino pero fundamental marco de “racionalidad legal” el Res Omnium Gratissima, modelo legal que evidencia la intención de proteger el paisaje, el ambiente y la arquitectura, lo que denota un apreciable sentido de pertenencia y responsabilidad civil hacia el entorno. Desde entonces con la creciente transformación del territorio al paso de las civilizaciones hemos logrado construir un paisaje híbrido en donde se articulan lo natural con lo antrópico en constante modificación-alteración, lo que supone que el paisaje es un producto complejo y polifacético desde el que se argumenta la inclusión de términos contemporáneos sobre  las características de este nuevo paisaje: banal, global, artificial, discontinuo, fragmentado, artificial.

A partir del desarrollo social, la estimación del entorno se ha incrementado al punto de concebir el paisaje como un fenómeno de índole culturaldentro de cada sistema social, estableciéndose un amplio baremo de valores desde lo filosófico, psicológico, arquitectónico, en continua tensión con lo urbanístico, político y económico.  Sin embargo es de reprochar que ante la evolución social y cultural no se haya trascendido sobre este respecto en algunas fronteras territoriales y en determinados contextos socio-culturales. Entender el paisaje natural como un recurso (que podría llegar a ser no renovable) y la concepción de calidad en el paisaje urbano, deben ser preceptos para incentivar la implementación y optimización de los medios capaces de articular su conservación, protección y recuperación. Por otro lado, la inclusión de la idea de imagen urbana dentro del concepto del paisaje es otro punto importante a reivindicar en el compendio de intereses referentes a las urbes, en base a lo cual es oportuno recordar el alarmante dato estadístico sobre el número de población -en aumento exponencial- que tendrá como residencia las urbes, convirtiéndose así en las áreas más pobladas del globo, en consecuencia el paisaje será más susceptible.

Apoyados en lo anterior, es perentorio incidir en algunos aspectos referentes al paisaje urbano, a los usos de paisajes naturales como recurso, aprovechando su capacidad productiva,  y la urgente implementación de instrumentos para la gestión del paisaje y el territorio en localidades que, aún con la capacidad humana e intelectual para aplicarlos, ignoran (a consecuencia del sostenido solape de “prioridades” económicas y sociales) que gran parte del patrimonio humano tiene su seno en el medio natural y urbano, en definitiva en el paisaje. Supeditando las prioridades económicas es posible “vincular” a través del paisaje “la ordenación y desarrollo del territorio”, de esta forma el paisaje amplía su trascendencia en la práctica como “modelo de desarrollo territorial”.

Casos locales, problemas globales

La sensibilización hacia el entorno varía según el nivel cultural y el contexto social. Sin ánimo de establecer diferencias prerrogativas, las consideraciones sobre el paisaje han tenido cuna en el contexto europeo lo cual ha funcionado como un paradigma para determinados contextos latinoamericanos que han sabido asimilar el concepto de paisaje para la actuación sobre su territorio. Sin embargo no es un hecho que se tenga presente entre los primeros requerimientos dentro de lo político en la mayoría de los casos (también hay excepciones en casos de la zona Europa, en este sentido y a pesar de) así podemos constatar en ciudades latinoamericanas cómo la degradación del paisaje urbano y la destrucción del paisaje natural suman un caudal desastroso de consecuencias lamentables.

Más allá de las distancias culturales y contextuales europeas los casos que a continuación se enuncian tienen como enlace o punto común el paisaje, entendido y aplicado como un concepto universal que debe trascender barreras. En este sentido asumir que la destrucción del Amazonas o la expoliación de los recursos del continente africano son problemas locales que tienen incidencia en lo global nos plantea que la actitud responsable y participativa frente a estos hechos debe ser de interés general. En el caso del paisaje urbano la incumbencia general quizá tenga una escala menor de incidencia y sentir en los intereses sobre lo global o universal, pero lo fundamental en este respecto son los valores que deben alcanzarse de forma diversificada y como pilares sociales; la calidad del entorno es un valor que a la fecha de nuestro desarrollo como civilización debería ser fundamental en las políticas de gestión de las ciudades. No se trata sólo de la imagen superficial del entorno sino del concepto y sentido de calidad como la conjugación de una serie de elementos de orden social, cultural, político y económico, que bien engranados y puestos en marcha pueden construir sociedades con una óptima desenvoltura y desarrollo.

Casos locales, área metropolitana de Caracas: la urbanización del paisaje protegido y el paisaje urbano del deterioro social

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Vista desde el norte hacia el sur del valle de Caracas

Con todo este componente teórico nos plantamos frente al escenario de las paradojas. Un paisaje natural y urbano que denota diversas connotaciones sobre lo económico y político lo cual refiere el nivel socio-cultural de un estado, un paisaje cuyo destello nubla los sentidos en la dimensión de las contradicciones, así se muestran los paisajes del subdesarrollo. La ausencia de instrumentos capaces de regular y ordenar el crecimiento, las antiguas y exiguas leyes que intentan proteger los espacios naturales desarman al paisaje ante las actuaciones urbanas en función de la demagogia.

La destrucción del paisaje natural

Caracas es una metrópoli de contrastes. No es un caso único en ninguno de los aspectos que en adelante se mencionan, con lo cual algunos argumentos se pueden evidenciar en otras latitudes, sin embargo es un caso latinoamericano curioso dado el copernicano giro atrás que ha tomado con rumbo a lo incierto, aunada la negligencia perpetua de la conciencia política, condición predominante desde la consolidación del estado. Si bien los reclamos sobre las prácticas políticas tienen su matiz de protesta, no podría ser de otro modo considerando que desde este ámbito se gestiona la actuación sobre el territorio. Por otro lado hay que asumir -como ciudadanos- el grado de responsabilidad que tenemos dentro del sistema social y en este punto la participación tiene un peso preponderante en el rumbo de las decisiones que afectan los intereses y bienes del colectivo.

El siguiente ejemplo es uno de los más recientes casos de destrucción del paisaje y daño ambiental emprendido desde las esferas políticas. Carente de planificación urbana y de los instrumentos para la regulación, estudio de viabilidad e impacto ambiental, se lleva a cabo el desarrollo urbanístico de Ciudad Caribia el cual abarca veinte mil hectáreas de las que más de un tercio ocupan una zona protegida dentro del Área Metropolitana de Caracas, zona que comprende un Área Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE). Así con la peyorativa insignia populista se pretende “resolver” el problema habitacional de veinte mil  familias devastando el patrimonio natural.

Misiòn Vivienda Venezuela, Construuciòn de Ciudad Caribe, visita del Dr Josè Ramòn Balaguer Cabrera Jefe del Dpto de Relaciones Publicas del CCPCC

Ciudad Caribia

Sin entrar en los detalles técnicos y socioeconómicos del proyecto, que darían para un buen documental, las conjeturas nos enlazan con una realidad patente desde hace varias décadas en el paisaje urbano de Caracas, los barrios pobres que coronan la orografía de la ciudad. Este vasto y complejo asunto de dimensiones socioeconómica, política y cultural, que desde la arquitectura y el urbanismo se le ha denominado “ciudad informal” o “ciudades auto producidas” es ejemplo de la imagen de la producción social y cultural del paisaje, y desde esta premisa se puede entender que la calidad es una propiedad aplicable y de alta consideración en el modo de intervención sobre el paisaje.

La calidad del paisaje urbano

La construcción social del paisaje se fundamenta en la argumentación de que distintos factores y cualidades dentro de la dimensión antropológica de un determinado contexto producen determinado entorno, es decir, desde lo perceptivo, cognitivo y sensorial se elabora un imaginario que a la práctica se traduce en la construcción del sistema social en el que se habita, manifestado en las acciones políticas, económicas, sociales y culturales. En este sentido lo que existe en nuestro entorno antrópico es el reflejo de lo que somos, el paisaje urbano es fiel delator del estado de una sociedad.

B.C.LOW

Contrastes del paisaje urbano de Caracas, realidades paralelas.

La percepción y la valoración social del paisaje dependen en buena medida de la experiencia personal y del contexto cultural. 3

El dramatismo que imponen las imágenes mantienen al foráneo en un estado de expectación deslumbrante y al autóctono en una actitud soslayada de aceptación del entorno como parte de su imaginario urbano; la estampa de los barrios pobres de los países subdesarrollados viaja por el mundo cual postal, para los habitantes de estos barrios la realidad es la rutinaria convivencia con la penuria.

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El paisaje cultural es creado por un grupo cultural a partir de un paisaje natural. La cultura es el agente, el área natural es el medio, el paisaje cultural es el resultado. 4

Retomando el concepto de calidad, enunciado como una propiedad del paisaje urbano y utilizado como “lente” para el análisis de los entornos urbanos antes mencionados, se puede inferir que existe una marcada disociación en la comprensión y aplicación de tal concepto. Por un lado no se manifiesta el sentido juicio de calidad desde la administración, lo que repercute en la asimilación del mismo en el colectivo, los ciudadanos saben lo que significa “calidad de vida” pero la ausencia de experiencias satisfactorias en el entorno urbano que representen en la práctica este concepto anula el factor cognitivo y sensorial del individuo sobre este respecto. Por otro lado la realidad sociocultural que emerge de las grandes ausencias induce a las partes más afectadas del colectivo a creer que la salvación de las penurias está en aceptar inocentemente la argucia política sobre el problema habitacional, de esta forma el paisaje se muestra dividido, fragmentado y deteriorado como su población. Por una parte se reprochan las nefastas actuaciones sobre la destrucción urbanizada de un lugar y por otra se aplaude, todo dentro de un contexto dividido por las diferencias socio-económicas.

Lo más aburrido del mal es que a uno lo acostumbra. Jean Paul Sartre.

Con lo expuesto, sería interesante elaborar una serie de silogismos sobre estos y otros casos de agresión al paisaje. Entonces comenzaríamos a reflexionar sobre ¿cuáles podrían ser las premisas para elaborar un silogismo acorde a estos ejemplos?

En definitiva el paisaje es la manifestación espontánea y automática de procesos sociales, culturales económicos y políticos de un estado, cual sistema orgánico, la forma de vivir, pensar, sentir, percibir y experimentar el espacio se traduce en la forma de organizar, ocupar y urbanizar el territorio. En este sentido, la Convención Europea del Paisaje establece que el paisaje es “cualquier parte del territorio tal como es percibida por las poblaciones cuyo carácter resulta de la acción de factores naturales y/o humanos y de sus interrelaciones”.

En base al documento citado, se pueden destacar tres consideraciones5 particulares aplicables en la reflexión y actuación sobre la realidad social y cultural de un determinado contexto:

  1. “Todo territorio es paisaje” incluidos los “singulares, pintorescos y excepcionales”
  2. “El derecho de los ciudadanos a tener y disfrutar de un paisaje de calidad”
  3. “El paisaje es un elemento de calidad de vida y un factor de desarrollo de las comunidades”.

Aplicando estas tres consideraciones fundamentales como baremo sobre los ejemplos expuestos, queda manifiesta y se reafirma la imperiosa necesidad de infundir en los valores sociales y culturales la sensibilidad y apreciación  del entorno. Obviamente lo cultural es un hecho que no se produce de la noche a la mañana, ni las sociedades se construyen con el arte de la palabra, sin embargo la educación es el primer paso para conseguir un cambio, estableciéndose como un vector eficaz y capaz de incidir en las valoraciones del colectivo hacia el paisaje.

En el supuesto caso de quedar anulado el sentido común sobre estos valores fundamentales bien podríamos asimilar lo visto y leído en el bagaje literario y cinematográfico de la ciencia ficción; no en vano, desde este género se ha hecho eco de predicciones fatalistas en magníficas figuraciones del futuro distópico de la humanidad. La imagen del territorio y del paisaje devastado que reproduce George Miller en Mad Max en medio de un hostil contexto social o la idea de unas vacaciones de verano en el polo norte y las ciudades bajo tierra o la colonización necesaria de otros planetas que describe como contexto urbano Philip Dick en sus obras, pueden transportarnos a una realidad factible si la conciencia y sensatez no logran dominar. Pero manteniendo estos buenos juicios se podrá seguir disfrutando de la ciencia ficción como un grato entretenimiento más allá de las predicciones especulativas.

Para concluir, es oportuno rememorar la observación de Benedetto Croce ante el parlamento italiano en junio de 1922 (presentación de la primera propuesta de conservación del paisaje, 1920) en la que señalaba la analogía del paisaje como obra de arte o “cuadro natural” y fuente inspiradora, en que el paisaje es el original que inspira a tantas obras del arte:

El paisaje no es sólo naturaleza sino historia, entonces como cada monumento o bien de interés histórico artístico debe ser protegido.

Sabrina Gaudino Di Meo / @gaudi_no

Notas:

  1. Convenio Europeo del Paisaje(CEP). Florencia, 20 octubre 2000. Entrada en vigor el 1 marzo 2004.
  2. Nogué, Joan. La producción social y cultural de paisaje. Diputació de Barcelona. 2006.
  3. Nogué, Joan. La valoración cultural de los paisajes, la cultura territorial de la sociedad y la participación ciudadana. Diputació de Barcelona. 2006.
  4. Sauer, Carl.La morfología del paisaje. 1925
  5. Tarroja, Alex. Tres elementos que conforman la emergencia del debate del territorio en cuanto a opinión y gestión. Diputació de Barcelona. 2006.

Fuente de las imágenes por orden de posición: Wikipedia, Noticiero Digital, archivo personal, Terra, Wikipedia, Wikipedia, Ciudad Escrita, Últimas Noticias.

Este artículo fue publicado anteriormente  en la web “la ciudad Viva” el 17 de enero  de 2014 “El paisaje, consideraciones sobre su valoración social y cultural” y en el blog personal de Sabrina Gaudino Di Meo 3ra persona

About Sabrina Gaudino Di Meo

Arquitecta con especialización en urbanismo, paisaje y edición editorial. En investigación desarrollo mi trabajo en el campo de lo urbano, la ciudad, la arquitectura, el espacio público, el paisaje y lo social. Editora y corresponsal en varios medios digitales. Registro mis reflexiones en https://sabrinagaudino.com y comparto en twitter como @gaudi_no

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