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SOBRE CREATIVIDAD Y AMBIENTE. MENOS ADQUIRIR Y MÁS DISPONER | Manena Juan y Fernando Maseda (espacioGuía)

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La creatividad, asociada tradicionalmente al mundo de las artes y la producción cultural, saltó al management —donde todo lo aprovechable se aprovecha— y también a la esfera de la transformación social y personal. Hace una década, en enero de 2006, Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, proclamaba en la inauguración de la reunión anual de Davos el “imperativo creativo” como vía para superar “los principios, herramientas y marcos que los líderes utilizaron durante la década pasada y que parecen inadecuados”.

Poco tiempo después, con la súbita irrupción de la crisis, este imperativo, pensado para conducir lideres al éxito, se ha convertido en vírico e histérico; y el “¡háganse creativos, háganse creativos!” comenzó a resonar por todas partes, a todas horas, para todo el mundo.

No obstante este imperativo no debería ser tomado así, en aislado, porque no es lo mismo ser creativo para el éxito, cuando éxito quiere decir incremento en la acumulación de capitales, que cuando quiere decir redistribución y equidad; o cuando quiere decir más poder adquisitivo y mayor consumo, que más calidad de vida y vida más plena. No es lo mismo el afán por seguir creciendo económicamente a toda costa, que la vitalidad que anhela expresarse en cada uno de nosotros de forma única y diferenciada pero cooperativa.

Parece que la adaptación de la organización a nuevas situaciones no depende sólo de que las personas “adquieran o aumenten” determinada habilidad creativa, sino sobre todo de la voluntad de la organización para disponer verdaderos circuitos participativos. Más importante que la creatividad es el ambiente creativo y cuanto mayor y mejor sea la participación, tanto lo será la adaptación.

Podríamos destacar dos aspectos genéricos sobre la naturaleza de la creatividad. El primero, que no podemos ser previsibles ni lineales. En los entornos de creación un pequeño detalle puede catalizar una gran reacción, al modo de los sistemas caóticos de “efecto mariposa”. El segundo, que la complicidad emocional es el resorte de la acción, el combustible del hacer; un hacer que no es finalista, no está determinado por los resultados a obtener, sino que procede desde dentro: del querer, del querer hacer. Lo que vendría a ser intencionalidad no-intencionada.

En definitiva, una doble disponibilidad entrecruzada: la del ambiente y la del querer. Tener un ambiente receptivo y participado —no clausurado— y un querer —más que incentivado— autodeterminado.

Para empezar a desenvolver esta cuestión, a continuación incluimos una pequeña amalgama incompleta de ideas “en construcción” sobre adquisición y disposición creativa, sobre creatividad y ambiente. Lo hacemos desde la práctica formativa —sobre y a través de la creatividad— y desde la reflexión asociada a esa práctica, que durante la última década venimos desarrollando en muy diversos formatos y entornos:

  1. Es un error concebir la creatividad exclusivamente como un incremento de determinadas capacidades de las personas que integran los equipos humanos, el “imperativo creativo” no se resuelve sólo con cursos o talleres, también hay que transformar estructuras y dinámicas de trabajo en la organización.
  2. La formación en creatividad e innovación no puede ser abordada como simple adquisición. No hay recetas establecidas, ni mecanismos aplicables, ni prescripciones precisas. La adquisición pasa por la disposición.
  3. La ciencia y la tecnología necesitan al arte para generar disposición, no porque la creatividad sea una cuestión de los artistas, ¡no!, sino por la osadía, vehemencia y libertad del arte. El arte es el terreno de la experimentación. El arte contemporáneo está dejando los estudios e instalándose en laboratorios a pie de calle.
  4. Todo proceso de innovación es un ir de lo conocido a lo desconocido. Lo desconocido hay que crearlo, no se copia ni se delega a un especialista.
  5. El camino más rápido y directo para creer en algo es experimentarlo. Cuando creemos que NO somos capaces de algo, ni siquiera lo intentamos, por miedo al fracaso. Creemos que no somos capaces porque comparamos capacidades, nos imponemos modelos. Hay que superar muchas creencias instaladas en nuestro interior.
  6. El ambiente creativo es un bien común y compartido, lo construimos entre todos y a todos nos afecta. Es un intercambio desde la autonomía y la libertad, basado en la diferencia no en el modelo.
  7. La creatividad e innovación no son líneas de trabajo sin sentido, la sostenibilidad es uno de sus sentidos. El bienestar personal y colectivo es otro de sus sentidos y éste pasa por un menor consumo de recursos y una mayor sociabilidad. Actualmente, por nuestros hábitos consumista agudos despilfarramos recursos materiales, pero también despilfarramos la mayor parte de los conocimientos y la creatividad potencial que como colectividad tenemos y no usamos debido a las escasas y malas prácticas de participación real en organizaciones, comunidades y sociedades.
  8. La innovación es un proceso colectivo de experimentación creativa. Propiciarla es disponer y disponerse a estos procesos, entonces el propio proceso es la innovación misma.
  9. Estos procesos hay que auto-construirlos, no vale con trasplantarlos desde otro lugar. Se trata de una tarea artesanal y compartida que hay que incorporar a las organizaciones, no todo es tecno-científico.
  10. Un grupo de niños, en un ambiente adecuado, pueden realizar un diseño, por ejemplo de urbanismo, completamente creativo. Lo único que diferencia ese diseño de otro profesional es el manejo de los recursos técnicos para su implementación, no la creatividad desplegada. Los niños pueden diseñar ciudades, espacios para vivir, aunque no puedan construirlas.
  11. Los agentes creativos somos las personas. El ambiente creativo es el espacio de convivencia. Situarse, hacerse presente en dicho ambiente es disposición: ofrecerse a convivir, conversar, cooperar… desde la generosidad.
  12. Generosidad es observación, no imposición. Cuando observo dejo que lo observado sea, participo de ello. Si no sé lo que es, no puedo operar con ello. Observar es suspender la proyección de mis principios, certezas, ideologías… Observar es escuchar, dejar que el/lo otro te hable: co-inspiración.
  13. La acción inspirada en la observación no puede ser impositiva, es consensuada, coordinada.
  14. Vivir es crear tu vida, no hay otra forma. Todos somos creativos, somos un proceso creativo. Cuanto más generosos somos con la vida, más lo es ella con nosotros. Crear nuestra vida es una labor artesanal. En la destreza artesanal la conexión entre lo qué se quiere hacer, lo que se piensa sobre cómo hacerlo y lo que se hace ocurre sin esfuerzo. Entre la mano y la cabeza hay continuidad, una conexión armónica y fluida.
  15. Quien se esfuerza en aprender a vivir de acuerdo a un modelo no aprende, sino que convierte su vida en una idea mental auto-impuesta. Simula o suplanta.
  16. La mente es una herramienta que se puede adaptar a cualquier tarea. Sin embargo, la mente rígida se rompe fácilmente cuando de repente se ve obligada a adoptar otra forma. La mente flexible adopta cualquier forma sin problemas, cual herramienta multiusos.
  17. El amor y las emociones empáticas son el medio que mantiene a la mente flexible. El amor es la metáfora de la vida.
  18. Convivir, acoger, conversar, cooperar… es el acto amoroso, de lo que está constituida nuestra existencia social.
  19. Una organización no es una máquina donde cada pieza está completamente determinada ocupando su sitio correcto para conseguir el resultado esperado. Cuando la creatividad fluye se supera esta visión autómata.
  20. Cuando la creatividad fluye el calado del cambio es imprevisible. Los procesos creativos, cuando lo son, no son un medio para cambiar tal o cual cosa, son el resultado mismo.
  21. Dichos resultados siempre son integradores, transforman a las personas y al espacio que comparten y también al espacio compartido y a las personas que lo habitan.
  22. Las prácticas, procedimientos y dinámicas del arte contemporáneo —que incorporan instrumentos para fomentar la atención, la observación, la comprensión integrada de situaciones complejas y la expresión simbólica de interpretaciones y significados propios— pueden ayudar a organizaciones y personas a adentrarse en procesos creativos y transformativos y a explorar novedades.

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Manena Juan y Fernando Maseda (espacioGuía) – 2016

[1] Re-elaboración del artículo “Creatividad e innovación, ¿el nuevo imperativo?” publicado en VII CampusGuía 2012: Intuiciones-Conexiones, sobre cultura, ciencia y sociedad; pág.: 78; ISSN: 2340-0366. http://espacioguia.com/espacioguia/campus.html

[2] Trabajamos como colectivo espacioGuía y somos el resultado de un proceso de autoaprendizaje que va del artista plástico al investigador cultural, pasando por la gestión independiente. Nos gusta denominarnos “creadores culturales”, aunque cada vez nos sentimos más simples mediadores. En 2005 creamos el centro de cultura independiente EspacioGuía, en 2006 el proyecto de residencias creativas CampusGuía y en 2008 la asociación cultural Red EspacioGuía. Desde entonces la materia prima de nuestras creaciones somos las personas y nuestro soporte el paisaje. Nos ocupamos especialmente de canalizar la emotividad que los procesos colectivos generan. Actualmente EspacioGuía continua como proyecto (sin-sede), centrado en la interacción arte-sociedad, tratando de impulsar procesos creativos colectivos de enfoque transdisciplinar y laboratorios vivos donde “aprender haciendo”.

 

About Manena Juan y Fernando Maseda

Manena Juan y Fernando Maseda trabajamos como colectivo espacioGuía y somos el resultado de un proceso de autoaprendizaje que va del artista plástico al investigador cultural, pasando por la gestión independiente. Nos gusta denominarnos “creadores culturales”, aunque cada vez nos sentimos más simples mediadores. En 2005 creamos el centro de cultura independiente EspacioGuía, en 2006 el proyecto de residencias creativas CampusGuía y en 2008 la asociación cultural Red EspacioGuía. Desde entonces la materia prima de nuestras creaciones somos las personas y nuestro soporte el paisaje. Nos ocupamos especialmente de canalizar la emotividad que los procesos colectivos generan. Actualmente EspacioGuía continua como proyecto (sin-sede), centrado en la interacción arte-sociedad, tratando de impulsar procesos creativos colectivos de enfoque transdisciplinar y laboratorios vivos donde “aprender haciendo”.

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Artículo publicado el 12/03/2017 por en artículos y etiquetado , , , , .

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