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CIUDAD TRADICIONAL ÁRABE: UN PARIENTE NO TAN LEJANO | Manuel Saga

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00 Medina de Tetuán, fundación nazarí en el norte de Marruecos. - © Manuel Saga

Medina de Tetuán, fundación nazarí en el norte de Marruecos. – © Manuel Saga

Tras un tiempo ya considerable trabajando junto a arquitectos y urbanistas colombianos y entrando en contacto con el contexto latinoamericano, puedo decir que hay un tema de conversación que nunca se deja de lado: Los españoles y nuestra conquista. En todo primer café, té o cerveza que se precie, siempre aparece algún chascarrillo o una broma sobre el tema, tanto por parte de los colonizados como de los colonizadores. Como buen granadino, a mi me gusta responder:

“En Granada fuimos reconquistados el mismo año que ustedes fueron descubiertos. Si llegaron oro, guaro y mujeres a Granada, lo debieron de esconder todo en el palacio de Carlos V.”

Esto suele causar bastante sorpresa (confieso que me encanta), y viene seguido de la clásica pregunta: “Pero oiga parcé, ¿ustedes no viven en ciudades en retícula española?”. Lo cierto es que la mayoría de los andaluces no lo hacemos… habitamos otro tipo de ciudad, de tradición árabe [1], de calles estrechas y laberínticas, completamente diferenciada de la retícula colonial. Supuestamente es otro mundo, algo completamente distinto, ajeno, la representación urbana del enemigo al cual los Reyes Católicos buscaban enseñar buenos modos fundando frente a Granada el castro militar de Santa Fe, último estadío de un modelo de ciudad diseñado para occidentalizar y moldear lo ajeno.

Sin embargo, la ciudad árabe no es una ciudad caótica, no es desordenada. Posee de hecho una estructura fundacional totalmente relacionada con lo mediterráneo. No es una ciudad extraña, es un pariente.

Damasco y Alepo. Ilustración esquemática del proceso de transformación entre la avenida clásica y el barrio islámico medieval. Fuente: Sauvaget, “Le plan de Laoidicee-sur-mer”, Bulletin d’Etudes Orientales, (1934), p.100. [2]

Damasco y Alepo. Ilustración esquemática del proceso de transformación entre la avenida clásica y el barrio islámico medieval. Fuente: Sauvaget, “Le plan de Laoidicee-sur-mer”, Bulletin d’Etudes Orientales, (1934), p.100. [2]

Con el objetivo de explicar esta relación, tanto a personas ajenas a la herencia andalusí como a aquellas criadas en ella, echaremos un vistazo a la investigación de Saleh Ali al-Hathloul, ex-ministro de Urbanismo y Planeamiento de Arabia Saudí. Al-Hathloul dedicó una parte de su tesis doctoral al estudio del urbanismo tradicional árabe, modelo al cual corresponden las ciudades hispano-árabes andaluzas. (M.I.T. 1981, dirigida por Stanford Anderson) [3]. Esta tesis puede leerse completa y descargarse en inglés aquí.

El primer elemento destacado por al-Hathloul es impactante: Los árabes musulmanes no crearon sus ciudades de la nada, es más, heredaron gran cantidad fundaciones antiguas, muchas de ellas griegas o persas. Dicho rápidamente: Lo pre-islámico es también greco-romano.

Otros investigadores como Pavón Maldonado [4] también destacan este hecho en el ámbito de la Península Ibérica, pues las principales infraestructuras que debieron encontrarse los árabes en el año 711 d.c. serían seguramente romanas. El cardus y decumanus y el urbanismo de calles perpendiculares no es ajeno a lo árabe, algo que podemos constatar sobre todo en las fundaciones de ciudades palatinas o en aquellas con un simbolismo espiritual o político especial.

Esta influencia clásica en cuanto a lo urbano no debería sorprendernos. En la escuela nos enseñan que los árabes son herederos de lo griego en cuanto a la matemática, la medicina y la filosofía entre otras cosas. ¿Por qué no deberían ser también herederas sus ciudades?

Esquema fundacional de Bagdad, fundada en el año 762 d.c. por el califa abasí Al-Mansur. Fuente: Lassner, “The shaping of the Abbasid Rule, op. cit., pp. 190-191. [5]

Esquema fundacional de Bagdad, fundada en el año 762 d.c. por el califa abasí Al-Mansur. Fuente: Lassner, “The shaping of the Abbasid Rule, op. cit., pp. 190-191. [5]

Trazado de la ciudad de Samarra. Fuente: Tamari, “Aspetti principali Dell’urbanesimo Musulmano”, Palladio: Rivista di Storia Dell Architectura, XVI (1966) p. 55. [6]

Trazado de la ciudad de Samarra. Fuente: Tamari, “Aspetti principali Dell’urbanesimo Musulmano”, Palladio: Rivista di Storia Dell Architectura, XVI (1966) p. 55. [6]

 

Desde luego no es una estructura aleatoria ni desordenada, sin embargo, la ciudad árabe que ha llegado hasta nuestros días no se parece nada a esta estructura original. Al-Hathloul se pregunta: ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Se trata acaso de una desorganización? ¿De una involución? ¿O quizás de un ordenamiento que no adivinamos a desentrañar?

Más allá de ellas, somos todos hijos de los mismos padres, los pueblos del mar Mediterráneo. Muchas de las grandes medinas de la historia son refundaciones de colonias griegas o romanas. ¿Por qué son entonces tan diferentes hoy en día a las ciudades occidentales? ¿Se trata de un problema de desorganización? ¿De descontrol? ¿De informalidad?

¿Cuáles son los factores que han hecho evolucionar la forma urbana árabe hasta su complejísima estructura contemporánea?

Damasco: Plan original de la época clásica y sección de la medina correspondiente a dicho plan original, transformada durante la época árabe-islámica. Fuente: Sauvaget, “Le plan antique de Damas”, Siria, XXvi (1949), pp. 342-356. [7]

Damasco: Plan original de la época clásica y sección de la medina correspondiente a dicho plan original, transformada durante la época árabe-islámica. Fuente: Sauvaget, “Le plan antique de Damas”, Siria, XXvi (1949), pp. 342-356. [7]

Saleh Ali al-Hathloul nos lo explica en su tesis doctoral, basándose en fuentes de Derecho Islámico. Cada esquina, cada callejuela, tiene su origen en una norma en una jurisprudencia muy concreta. Para desarrollar este tema, Al-Hathloul recoge relatos fundacionales que bien podrían estar relacionados con el replanteo de un puerto griego o un castro romano. Tomemos como ejemplo el relato fundacional de Al-Kufah, ciudad militar, según el cronista Al-Tabari (923d.c.) [8]:

“En primer lugar se localizará la mezquita, en el centro de la ciudad. En el área circundante se establecerá una plaza cuadrada, con la mezquita en el centro, donde se realizará el mercado diario. Junto a la plaza, la casa del gobernador. Se trazarán calles paralelas hacia las cuadro direcciones cardinales, cinco hacia el norte, cuatro en la dirección de La Meca, tres hacia el este y tres hacia el oeste. En esta estructura de calles se definirán los espacios a ocupar por cada una de las tribus, cada uno de los cuales deberá disponer de su propia mezquita y mercado.”

Como podemos observar, en primer lugar se designa un centro político y espiritual, donde se ubica la mezquita y la casa del profeta/califa/gobernador. A partir de este punto se establecerían los ejes cardinales de la ciudad, junto a su límite y sus principales accesos. Sobre esta trama base, se distribuirían los khitat (sing. khittah), barrios asignados a los distintos clanes o tribus que formarán parte de la ciudad. Es en el interior de estos barrios donde la forma urbana comienza a alejarse del modelo en retícula clásico.

Hipótesis de evolución histórica de la Medina de Damasco

Hipótesis de evolución histórica de la Medina de Damasco

Cada uno de los khitat sería independiente hasta cierto punto, con una mezquita, un hammam y su propia organización, que casi podríamos definir como “vecinal”. De hecho, al-Hathloul explica el modo en que estos barrios especializaban su actividad comercial en torno a ciertas profesiones (exactamente igual que en la ciudad medieval europea), y cómo aquellos gremios que manejaban materiales especialmente valiosos (metales preciosos, especias, etc.) tenían derecho a controlar el acceso diurno o nocturno a su khittah. Hablamos pues de unidades barriales muy bien definidas.

Damasco – Sistema de puertas. Plano de un barrio mostrando puertas construidas para controlar el acceso. Fuente: Sauvaget, “Esquisse d’une histoire de la ville de Damas”, Revue des Etudes Islamiques, (1934), p. 452. [9]

Damasco – Sistema de puertas. Plano de un barrio mostrando puertas construidas para controlar el acceso. Fuente: Sauvaget, “Esquisse d’une histoire de la ville de Damas”, Revue des Etudes Islamiques, (1934), p. 452. [9]

Si el khittah es la unidad mínima de organización social y política en la ciudad tradicional árabe, podríamos deducir que es en su organización interior donde se encuentra el secreto de su trama irregular. ¿Cada tribu planeaba el espacio asignado a su antojo? ¿Existían costumbres no escritas comunes entre estas “asociaciones de vecinos”? Para despejar estas preguntas, al-Hathloul consultó “sentencias” emitidas por jueces islámicos de distintas épocas, detectando cuáles eran las leyes vigentes, quiénes los encargados de aplicarlas, y qué figuras legales afectaban a la forma urbana. Vamos a resumir en este post las más importantes, para intentar desenmarañar el laberinto de la medina tradicional.

El primer punto importante es la existencia del muhtasib: una especie de curador urbano o gerente de urbanismo encargado específicamente de mediar en los conflictos entre vecinos por la propiedad del suelo o el uso del espacio público. El muhtasib no decidía por cuenta propia o en base a su interpretación personal de la Ley Islámica: existen manuales especialmente escritos para guiarlo en sus tareas y responsabilidades, los están datados en el año 899 d.c. Manuales de ordenación urbana a finales del siglo VII.

Medina – Alturas de edificios. Vista del barrio de al-aghawat, mostrando la similitud de alturas entre edificios. [10]

Medina – Alturas de edificios. Vista del barrio de al-aghawat, mostrando la similitud de alturas entre edificios. [10]

El primer punto en el que inciden los manuales del muhtasib es en la altura. Como muchos sabréis, la privacidad de la vida doméstica es un aspecto clave de la vida musulmán. Existen diferentes reglas que controlan la servidumbre entre espacios, pero sobre todas ellas pesa la prohibición de cualquier dispositivo que permita mirar al interior de la casa de nuestro vecino. Las sentencias analizadas por al-Hathloul a este respecto no están tanto dirigidas a conflictos entre ciudadanos como a infracciones puntuales del mohecín, la persona encargada de llamar a la oración.

El mohecín, un hombre santo, es el único que tiene permitido subir a lo alto del minarete y elevarse sobre las casas de sus vecinos. Si comete un despiste y dirige una sola mirada, así sea perdida, a la intimidad de cualquier ciudadano, puede ser duramente sancionado por las autoridades. Dicho esto, si un hombre de Dios está sometido a esta disciplina y control, ¿cómo no lo va a estar el ciudadano de a pie? La altura es pues, un factor central que homogeiniza el paisaje urbano árabe.

División de una sola casa tradicional árabe en distintas propiedades independientes. [11]

División de una sola casa tradicional árabe en distintas propiedades independientes. [11]

“Bueno Saga, esto de la altura es bastante conocido, ¡cuéntanos algo que no sepamos!” Tenéis toda la razón, es algo que podemos observar a simple vista, pero pone en evidencia cómo la Ley Islámica es determinante para esta continuidad en altura. Todo parece apuntar a que será igualmente determinante para su discontinuidad en planta.

El segundo punto del que nos habla al-Hathloul es la herencia. Según este autor, una vez fallecido el cabeza de familia, toda casa debía dividirse entre cada uno de los hijos varones del difunto, sin excepción. Si son tres hijos, tres divisiones, si son siete, siete divisiones. Este modelo de herencia alienta la subdivisión del espacio y el crecimiento en altura, separando un espacio inicialmente unitario en diversos fragmentos con su propio núcleo de escaleras.

Viviendas y adarves de Túnez. [12]

Viviendas y adarves de Túnez. [12]

Por otro lado, existía una restricción en la compra/venta de propiedades, ya que los propietarios colindantes tenían preferencia a la hora de comprar, fueran o no familiares directos del vendedor. Esta norma, combinada con la regla de la herencia, crean un modelo estructural donde las unidades de vivienda se subdividen y combinan entre sí continuamente. Un sistema que genera a su vez calles sin salida o “adarves”, donde se produce la relación entre vecinos hasta el día de hoy.

Izquierda: Medina – Tiendas en áreas residenciales. Derecha: Medina - barhat al-aghawat. [13]

Izquierda: Medina – Tiendas en áreas residenciales. Derecha: Medina – barhat al-aghawat. [13]

La cuarta de las figuras legales es la fina, la cual define un fragmento de la calle que antecede a la puerta una vivienda y se encuentra subordinado a ella. Puede ser utilizado por su propietario para cualquier uso, siempre y cuando no interfiera con el paso o resulte molesto a los vecinos. Esta condición es clave para entender el espacio urbano tradicional árabe y el ritmo de su uso comercial, donde una miríada de tiendas sacan sus productos y estantes a la calle durante el día, guardándolos en la noche y los días festivos.

Izquierda: Medina – Tiendas en áreas residenciales. Derecha: Medina - barhat al-aghawat. [13]

Izquierda: Medina – Tiendas en áreas residenciales. Derecha: Medina – barhat al-aghawat. [13]

Por otro lado, la fina determina un factor adicional: Las puertas de dos viviendas no pueden ubicarse una frente a otra. Dos puertas enfrentadas provocarían un doble conflicto: primero entre la intimidad de dos vecinos que abrieran su puerta al mismo tiempo, segundo entre sus finas” que se encontrarían solapadas entre sí. De este modo se añade irregularidad al tejido, ya que es impensable una estructura de hileras de viviendas enfrentadas entre sí.

La fina tiene una tercera consecuencia interesante: No sólo se extiende en sentido horizontal, sino también vertical. El espacio aéreo frente a la puerta de una vivienda también está subordinado a ella, y puede ser utilizado por su propietario siempre y cuando no afecte a la circulación. Esta es la principal regla que controla la construcción de ampliaciones sobre la calle, pudiendo ser estas parciales o cubriendo la calle por completo (mashrabiyah). De hecho, al-Hathloul da cuenta de cómo los manuales antiguos aconsejaban controlar la altura de paso mínima, debiendo ser “mayor que el jinete más alto sobre el camello más grande”.

Medina – Proyecciones sobre la calle. [15]

Medina – Proyecciones sobre la calle. [15]

De este modo, el control legal sobre la altura, la herencia, la compra/venta y la fina son determinantes en la configuración de la forma urbana tradicional árabe. No dudo de la existencia de elementos adicionales, adaptaciones a distintos territorios o culturas y rupturas de la norma escrita, pero estos cuatro factores dan cuenta de un sentido profundo de control del espacio urbano y la legislación temprana sobre su uso. Se acabó el presentar la ciudad islámica como un misterio insondable o un precario equilibrio entre organización social y forma urbana.

Podemos decir que en la cultura islámica Ley y Ciudad nacen de la mano, permitiendo entender una irregularidad que no es sino el legado de siglos de urbanismo consciente y organizado.

Calle comercial en la Medina de Tetuán. © Manuel Saga

Calle comercial en la Medina de Tetuán. © Manuel Saga

Manuel Saga, 2015

[1] En este post hemos utilizado la palabra árabe para referirnos a lo árabe-mulmán, término utilizado por al-Hathloul y que diferencia las ciudades aquí explicadas de otras fundaciones árabes anteriores al Islam.

[2] Saleh Ali Al-Hathloul. (1981). Tradition, continuity and change in the physical environment : the Arab-Muslim city (Thesis). Massachusetts Institute of Technology. Pág. 25.

[3] Saleh Ali Al-Hathloul. (1981). Tradition, continuity and change in the physical environment : the Arab-Muslim city (Thesis). Massachusetts Institute of Technology. Retrieved from http://dspace.mit.edu/handle/1721.1/46401

[4] Pavón Maldonado, B. (1992). Ciudades hispano-musulmanas. Madrid: Editorial Mapfre.

[5] Saleh Ali Al-Hathloul. (1981). Tradition, continuity and change in the physical environment : the Arab-Muslim city (Thesis). Massachusetts Institute of Technology. Pág. 45.

[6] Op. cit. Pág. 49.

[7] Op. cit. Pág. 23.

[8] Op. cit. Pág. 36.

[9] Op. cit. Pág. 94.

[10] Op. cit. Pág. 115.

[11] Basado en la figura 12. de Saleh Ali Al-Hathloul. (1981). Tradition, continuity and change in the physical environment : the Arab-Muslim city(Thesis). Massachusetts Institute of Technology. Pág. 58.

[12] Pavón Maldonado, B. (1992). Ciudades hispano-musulmanas. Madrid: Editorial Mapfre. Pág. 90.

[13] Saleh Ali Al-Hathloul. (1981). Tradition, continuity and change in the physical environment : the Arab-Muslim city(Thesis). Massachusetts Institute of Technology. Págs. 97 y 99.

[14]  Op. cit. Pág. 95.

Este artículo fue publicado anteriormente  en la web “la ciudad Viva” en dos post: la Parte 1 el 13 de abril de 2015 “La ciudad tradicional árabe: Un pariente no tan lejano (Parte 1)” y la Parte 2 – 29 de mayo de 2015 “La ciudad tradicional árabe: Un pariente no tan lejano (Parte 2)

About Manuel Saga

Arquitecto egresado por la Universidad de Granada. Asistente de investigación de la Universidad de Los Andes (Colombia), donde cursa estudios de posgrado. Profesor invitado en la Universidad Javeriana (Bogotá), Universidad Piloto (Bogotá) y la Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano (Bogotá). Editor desde el año 2011 de la revista de investigación indexada URBS revista de estudios y ciencias sociales. Editor desde el año 2013 del espacio digital blogURBS. Corresponsal de los blogs de La Ciudad Viva y the AAAA Magazine. Colaborador de otros espacios digitales como StepienyBarno blog y Pedacicos Arquitectónicos. Colaborador en el proyecto “Iniciativas para la protección, recuperación y rehabilitación funcional de la Medina de Tetuán. Marruecos”, proyecto de cooperación financiado por el CICODE (2012). Becario de colaboración del Departamento de Construcciones Arquitectónicas, UGR (2010-2011). Becario de Iniciación a la Investigación en el Laboratorio de Urbanismo y Gestión del Territorio, UGR (2009-2010).

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