Urban Living Lab

Plataforma abierta y transdisciplinar de reflexión sobre el territorio, la ciudad y sus ciudadanos.

LA CASA DE BENARÉS | Pia Chalamanch

Facebooktwitterby feather

la casa de benarés

Era una casa vieja, situada en una calle vieja, de la ciudad más vieja del mundo.

La casa de Benarés, de dos pisos y arquitectura colonial, delataba en su dejada estructura que había vivido tiempos mejores. Una sensación que se hacía patente al contemplar la terraza con vistas al Ganges, el porche de color azul con columnas que recordaban el estilo sureño de Nueva Orleans o los grandes porticones con persianas de color verde. La casa tenía bolsas, ojeras y patas de gallo, pero seguía conservando su sonrisa: el tiempo había pasado por ella sin quitarle su dignidad.

En el edificio se daba, además, un curioso mimetismo con la ciudad.

Benarés es un solo espacio con dos tiempos diferentes: un ritmo rápido, bullicioso, caótico, que palpita en el interior, y otro ritmo tranquilo, espiritual, ordenado, que nace en las orillas del Ganges. La casa era asimismo un solo espacio con dos tiempos diferentes.

Por la mañana, la terraza se impregnaba de un movimiento continuo. Dos mujeres, de unos cuarenta y veinte años respectivamente, lavaban sus saris multicolores, golpeándolos con fuerza contra una losa de piedra, y después los dejaban colgar desde la barandilla hasta casi rozar el suelo sin asfalto de la calle. Más tarde las mujeres se retiraban y una niña llenaba el espacio con sus juegos: saltaba, bailaba, convertía los dedos de sus manos en personajes que dialogaban entre ellos o se enfrentaban. Cuando la niña desaparecía las mujeres volvían a entrar en escena, acompañadas de una mujer mayor de pelo blanco. Barrían el suelo, molían el grano y hacían pan.

Por la tarde, la extraña paz que el Ganges emitía desde lejos se apoderaba de la casa y de sus habitantes. Un hombre muy anciano, que en Europa tendría casi los cien años y que probablemente en la India no había cumplido los setenta, se sentaba en una silla mirando el horizonte. Podían pasar horas sin que el hombre se moviese.

Una tarde dejó de aparecer. Lo sustituyó la mujer de pelo blanco, que avanzaba con dificultad por la terraza con una silla en las manos. La apoyó en el suelo, donde solía sentarse el anciano, y se fue de nuevo arrastrando los pies.

La niña, que había presenciado toda la operación sin decir nada, se acercó a la silla vacía, miró fijamente durante unos segundos el espacio que había junto a ella, percibiendo algo que sólo cuando la vida se inicia o está a punto de acabar se es capaz de percibir. Se puso de puntillas, dio un beso al vacío y movió la silla medio metro más hacia a la izquierda, justo en el punto en el que aún flotaba el beso. Después volvió a entrar en la casa.

Afuera, las campanas de cien templos llamaban a la oración.

Pia Chalamanch, 2015

About Pia Chalamanch

Licenciada en Periodismo, licenciada en Publicidad y diplomada en Egiptología por la UAB. Trabajo contando historias como creativa publicitaria. Y, cuando no trabajo, sigo contando historias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Información

Artículo publicado el 27/11/2015 por y etiquetado , , , , .

colabora

Esta plataforma está abierta a la colaboración de cualquier persona o organización interesada en la investigación sobre el territorio y los entornos urbanos.
escríbenos en urbanlivinglab.net@gmail.com

archivos

Social Media

Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook

Twitter

Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook